ignorando que era el frente de tu casa.
Si ese día a esa hora, ese minuto
justo cuando autos, gente y mundo pasa.
Si no hubieses advertido mi presencia
y distraído mi lectura y mi arrogancia.
un ilógico calor tan agobiante
no me hubiese compelido a la vereda
y no hubiese propiciado el hallarte.
Por la causa que ignoramos del destino
destinados nuestros ojos a encontrarse.
yo no hubiese atinado al acercarme
y promover el nuevo encuentro de estos mundos
con aquel dudoso beso que fui a darte.
Un pequeño movimiento de tus labios
esa tímida sonrisa que esbozaste.
La alegría mal oculta en tus ojos
en los cuales toda mi alma reflejaste,
permitiendo el comienzo del cariño
que dos almas solitarias deben darse.
Si esa tarde, por error, por desatino
yo no hubiese interpretado aquel lenguaje
tan antiguo y tan sabio como sublime
tan esquivo, tan fácil de equivocarse.
Aquel lenguaje mudo que permite
la mirada de los que quieren amarse.
Juan Mario Leivas
Fotografías ilustrativas de Delfina Milder

